Representativa de la diferencias entre las
de la zona norte y las del sur, Cala Pilar es una de las playas vírgenes de más
difícil acceso en toda Menorca.
Para llegar, tome un desvío en la carretera general, entre Ciutadella y
Ferreries, que llega hasta unos pocos kilómetros de la playa. Después hay
una caminata de casi una hora, primero entre encinas centenarias y al final por terreno
abrupto y sin sombra.
La arena es dorada y el
agua limpísima. No hay árboles ni apenas sombra alguna, por lo que conviene
llevar sombrilla.
Antes de organizar la visita a Cala Pilar, conviene
asegurarse, para evitar decepciones tras la caminata, de que las condiciones
del mar son buenas en el norte de la isla, ya que a esta playa le afectan
muchísimo los vientos de componente Norte.
Está incluida en la zona de mayor
protección de la reserva marina, por lo que está prohibido pescar, y la vida
submarina, equipados simplemente con equipo de snorkel, resulta espectacular.
Hay arcilla en las laderas de las
montañas, con la que la gente suele embadurnarse en la creencia de que
purifica la piel.
