Ciutadella


 

Ciutadella, la más occidental de las poblaciones de la isla, fue hasta la dominación inglesa la capital de Menorca. Hoy en día, sigue siendo la capital eclesiástica, pues en ella está la Catedral de Menorca y la sede del obispado, además de los palacios y casas señoriales que no se hallan en los demás pueblos de la isla.”
” Hasta finales del siglo XIX, la ciudad conservó la muralla medieval que la protegía de los ataques de los piratas turcos. Aún se puede ver parte de la antigua muralla en el Bastió de Sa Font y en el Ayuntamiento.

Un hecho que marcó la historia de Ciutadella fue la destrucción de la ciudad el nueve de Julio de 1558 por los piratas, que pasaron a cuchillo a centenares de personas y se llevaron como esclavos a más de 3.500.Un obelisco en la plaza del Born rememora el trágico hecho y la valiente defensa de los  ciutadellencs. En la actualidad cuenta con unos 25.000 habitantes.

Pasear por el casco antiguo de Ciutadella, las calles estrechísimas, de pavimento de piedra, que se iluminan con la blancura de las humildes casas encaladas o el resplandor de la piedra de las casas señoriales, es un placer para el visitante, que se transporta a ambientes y sensaciones de otros siglos. El casco antiguo de Ciutadella concentra un gran interés histórico. A primera vista se advierte la diferencia con la parte nueva de la ciudad, la que se ha ido construyendo tras la demolición de las murallas que hasta el siglo pasado circundaron Ciutadella. Lo que hoy se conoce como Contramurada, un amplio paseo que rodea el casco antiguo, señala el perímetro de la vieja Ciutadella. Los caserones o palacios -algunos de estilo renacentista- de la antigua nobleza ciutadellenca, que hoy en día encuentra su razón de ser en las muy tradicionalistas fiestas de Sant Joan, ostentan en sus fachadas los escudos de armas de sus familias. Estos edificios, construidos en piedra de marés, son un espectáculo en sí mismos, y alguno de ellos puede ser visitado.

La calle de Ses Voltes (las arcadas o los arcos), probablemente la más característica de toda la isla, alberga gran cantidad de comercios, desde tradicionales ultramarinos, hasta modernas boutiques, pasando por tiendas de calzado, recuerdos, etc. Otras calles del casco antiguo con gran ambiente comercial son la de Maó, la de sa Carnissería, la de Santa Clara,   y la Plaza de España. Son puntos de interés para el turista el Museo Diocesano (Calle del Seminario), el Museo Municipal del Bastió de sa Font, el convento de monjas clarisas de Santa Clara, y por supuesto la Catedral de Menorca, un edificio singular por su equilibrada arquitectura. No hay que olvidar visitar la plaza del mercado, donde se venden todo tipo de productos autóctonos.

El puerto de Ciutadella, al que se accede por la cuesta Marina (al lado del Ayuntamiento), es uno de los más bellos del Mediterráneo.Para el verano del 2012 quedará preparada la reordenación de su dársena deportiva, lo que dará un nuevo impulso a este centro natural de la vida “ciutadellenca”. Se trata de un puerto pequeño y pintoresco, que se llena en verano de lujosos yates y turistas de diversas nacionalidades que pasean por sus muelles. El resultado es, para muchos, el puerto más hermoso del mediterráneo. En la ribera Norte se alinean las tradicionales barcas de pesca, que en los meses de estío traen a tierra la reputada langosta y una gran variedad de pescado. Junto a ellas, encontramos las embarcaciones de alquiler y charter, preparadas para las excursiones a las playas y calas vírgenes que los visitantes de Menorca demandan.

Mientras, en la otra ribera del puerto, que apenas mide un centenar de metros de ancho, una muchedumbre descansa de la jornada de sol y playa ante un refresco y alguno de los platos típicos que en las terrazas del puerto se sirven. Al atardecer, cuando los menorquines, los turistas y los navegantes llegan en busca de las inolvidables horas de relax en el puerto de Ciutadella, encontrar una silla libre resulta a menudo una  tarea difícil.

La escalera que baja al muelle desde el casco antiguo se convierte en un mercadillo multicolor, donde se venden adornos, recuerdos y objetos hechos a mano. En el tramo final del muelle, que sirve como párking gratuito, se encuentra la zona de bares y discotecas del Pla de Sant Joan. Es una cita ineludible para los más jóvenes y para los que desean tomar un copa después de la típica cena en el puerto.