Menorca perteneció a la
corona Británica durante casi todo el siglo dieciocho.
Miles de marineros y
soldados ingleses guarnecían la isla y eran clientes de las tabernas,
donde no encontraban el aguardiente entonces de moda en su patria: el
Gin.
Pronto unos artesanos
mahoneses hallaron la solución al problema: importar bayas de enebro y
fabricar Gin en la isla a partir del alcohol vínico propio del
Mediterráneo.
De este modo, el Gin se
aclimató con éxito en Menorca, consolidándose como bebida popular.
Ya entrado el siglo XX, de las
más puras raíces familiares y artesanas surgió una marca: Xoriguer,
que comenzó a embotellar y a comercializar con rigor un producto que
hasta entonces se había movido en un ámbito poco más que local.